MEMORIAS LAMENTABLES DE UN MIÉRCOLES SANTO EN SEVILLA


No es cometido de este blog, hacer críticas cofrade de la Semana Santa de Sevilla. Para tal fin ya hay muchos y especializados en la red.
Pero si es destacable tener que hacer una pequeña valoración de los acontecimientos ocurridos en la pasada noche del Miércoles Santo en la confluencia de la calle Orfila, Laraña y Cuna, incluyendo La Campana.
Los lamentables acontecimientos empezaron cuando la Junta de Gobierno de la Hermandad de los Panaderos, decidieron hacer salida procesional de sus titulares hasta la Santa Iglesia de la Catedral de Sevilla.
Hasta ahí todo perfectamente normal como todos los años, a pesar de que el riesgo de lluvia, era notable y con no tan claras evidencias que fuera a empeorar.
Pero últimamente en Sevilla, estamos sufriendo unos años de intensas lluvias en esta época del año tan esperada por la extensa mayoría de los sevillanos.
Prestamos atención quizás en demasía de como transcurrirá la meteorología del cielo en estos días, y todo ello gracias a la sobrecarga de información que hay en los medios de comunicación por la previsiones de lluvias sobre la ciudad.
Somos consciente los sevillanos que es un tema preocupante sobre todo para el valor del patrimonio de cada hermandad, que pone en la calle a sus titulares con el riesgo de ser dañada por intensos chaparrones de agua. Y de igual forma somo consciente de lo que supone los mismos para los sufridos nazarenos, sobre todos si hay entre ellos, algunos de corta edad.
Pero tenemos que reconocer que tan sólo se trata de agua; no de ningún ácido que maléficamente corroe todo lo que toca y lo deshace irremediablemente.
Tan solo se trata de agua que por supuesto daña lo material y lo humano; pero que al fin y al cabo tan solo es agua y que lo que dañe tiene arreglo en cierta manera.
Lo que ocurre es que ahora se le presta demasiada atención a este hecho y olvidamos que antaño en esta ciudad se sacaban los pasos con lluvias intensas y no pasaba nada.
Los pasos se sacaban a la calle y se gozaba de la Semana Santa, y si luego si había que reparar, se reparaba y se volvía a empezar los preparativos de una nueva Semana Santa con la esperanza que fuera con un azul intenso en los cielos.
Eran tiempos que tenían sus propios problemas vinculantes a esa Semana Grande.
No existían por aquellos tiempos los hermanos costaleros, eran otros grupos mal llamado grupos de costaleros profesionales que incluso se permitían el “privilegio” de mandar incluso sobre las hermandades imponiendo sus propias necesidades, amenazando con no sacar determinadas hermandades si no se les concedía sus peticiones.
Eran tiempos que hasta no estaba mal visto que algunos capataces y costaleros fueran borrachos, fuera y debajo del paso.
Eran tiempos que incluso algunos hechos aislados, enfrentaran verbalmente y con las manos a componentes de hermandades cofrades como si de equipo de fútbol se tratasen.
Eran tiempos que “figurear” y “ronear”, dos expresiones populares de aquí que viene a decir que se alardea de lo que se es o de lo que se tiene sin necesidad; era y es aún hoy en día, una lacra que soportamos los sevillanos que no nos gusta esta clase de manifestaciones.
Eran tiempos que los consejos de gobiernos de la hermandades tomaban decisiones acertada o no, al igual que ahora y quizás hasta con métodos hoy discutibles.
Pero esos tiempos quedan atrás en los anales de la memoria de la ciudad y olvidados lo que se tenía que olvidar.
En fin, que cada época marca sus propios problemas. Pero lo que no hay que olvidar es la necesidad de limar esas asperezas para hacer de una Semana Santa nuestra, cada vez mejor y con una buena imagen limpia y cristalina que siga siendo envidia sana de muchos.
Cada época tiene sus propias virtudes y acompañadas también de sus propios defectos. Pero son estos últimos los que hay que solventar y mantener intactas las primeras.
Los hechos lamentables del pasado Miércoles Santo que se vieron envuelto en polémica por la decisión de la Hermandad de los Panaderos de enfrentarse a los riesgos de lluvia y a pesar de todo sacar a sus titulares . Para luego a los pocos minutos, cambiar de actitud cuando ya sus pasos estaban cerca de La Campana y aún muy cerca de su templo, decidiendo volver hacia atrás, no eran motivos criticables por nadie y es obvio que así ha sido.
Lo que sí es criticable y mucho es la altanería de esta hermandad de hacerlo a un ritmo normal de transcurrir por La Campana, que no es el propio de la que desea refugiarse de la lluvia en su cercano templo. Y hacerlo con la parsimonia y lenta actitud de lucimiento como es costumbre en este lugar en circunstancias normales.
Pero las circunstancias no era las normales para tal fin. Había un riesgo de lluvia que la propia hermandad asumió y que por lo tanto su actitud era de acelerar el ritmo para entrar lo más pronto posible en su templo.
El profano que esté leyendo este artículo, no comprenderá por qué tanto malestar por un hecho tan insignificante.
Pero lo es.
Lo es. En tanto en cuanto haya otra hermandad esperando en la cercanía los pasos de su antecesora, para seguir ellos su camino de regreso a su propio templo.
Lo es. Por qué en ese momento estaba lloviendo para todos igual y la “mojá” la estaban sufriendo por igual, lo mismo las imágenes de la Hermandad de los Panaderos que la Hermandad de La Lanzada.
“La mojá” era igual para todos.
La estaba sufriendo en carne los nazarenos de una como los de la otra. Quizás más destacable aún si se quiere, la de La Lanzada; ya que llevaba esperando más de veinte minutos que pasara su hermana de Los Panaderos.
Y mientras tanto en un claro ejemplo incívico y egoísta, La hermandad de los Panaderos, se puede permitir el lujo de hacer lo que en circunstancias normales es propio: lucir y adornar con marchas procesionales y movimientos característicos sus pasos. Pero con la lluvia encima, solo entra la posibilidad de usar un “paso de mudá”, o sea un ritmo acelerado en lo posible para guarecerse de la lluvia.
No se puede jugar a los “pasitos”, mientra otros sufren las consecuencias. Por eso el abucheo y pitadas que se les dio a su paso camino de su iglesia por parte del público, que no está justificada porque sencillamente no son formas. Pero no olvidemos tampoco que no se le estaba haciendo a las imágenes y sí a la corporación que las representan.
Si se decide no hacer la carrera oficial a la Santa Catedral por culpa de la lluvia, se decide también no hacer “La Campanada” en pos de salvaguardar las imágenes.
Después de la Semana Santa es hora de sentase todos en una misma mesa, Arzobispado incluido y depurar responsabilidades de lo acontecido y destituir a quienes se tenga que destituir sea del Consejo, de la Junta de Gobierno de la Hermandad de los Panaderos, o del propio CECOP (centro de Coordinación Operativa).
Martin Lasky
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En los vídeos de abajo se ve claramente de lo que estoy hablando e incluso se observa como habilitándose el “pasillo” de evacuación a la hermandad, quitando las sillas y publico sentado en ellas, se recrean como si nada hubiera ocurrido:
Vídeo subido desde un teléfono móvil y tomado desde un televisor de la cadena de televisión TeleSevilla.
.Y ESTO QUERIDA HERMANDAD DE LOS PANADEROS ES LO QUE TENÍAN QUE HABER HECHO USTEDES EN EL “PASILLO” HABILITADO PARA TAL FIN:
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Ntro. Padre Jesús de la Salud (Los Gitanos) por la Campana (Año 2013)
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Mª Stma. de las Angustias (Los Gitanos) por la Campana (Año 2013)
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ALGUNOS COMENTARIOS AL RESPECTO:
José Antonio Martín Pereira | 28 de marzo de 2013
blogs.grupojoly.com/munidor/
Al Miércoles Santo le faltaron tres de las perlas de su rosario particular: las de La Sed, San Bernardo y El Buen Fin; y le sobraron las cuatro gotas que sembraron el desconcierto y el esperpento. Turbación, unida a una cierta temeridad cargada de lógica, que hizo que el resto de las cofradías, todas en la calle a eso de las diez y media de la noche, hora en la que la lluvia se dejó notar tibiamente, optaran por acelerar su marcha, acortando en algunos casos sus itinerarios de regreso.
La nota (discordante) la puso, una vez más, la Hermandad de Los Panaderos, cuya cruz de guía se encontraba a esa altura de la jornada en el inicio de la Carrera Oficial. En un arranque de descontrol y egoísmo, los responsables de la cofradía de San Andrés tomaban la decisión de regresar a su templo, cortando el paso a la Hermandad de La Lanzada, que en ese momento enfilaba el final de la calle Cuna, y debería haber tenido preferencia al discurrir por su itinerario preestablecido. La chulería de un paso andando a golpe de costeros, mientras los hermanos de La Lanzada permanecían comprimidos en Cuna, calza solo con la falta de educación de parte del público, que recriminó esta actitud silbando justo cuando pasaba la Virgen de Regla. Bochornoso espectáculo que debería hacer plantearnos el verdadero estado de la Semana Santa sevillana, en clara decadencia de valores, y por ende de actitudes.
Por cierto, parte de ese público fiel a la cofradía de la calle Orfila, es el que a la postre se congregaría en la Plaza Cristo de Burgos, desvirtuando en cierta medida uno de los momentos de mayor nivel sensorial de cuantos brinda nuestra Semana Santa. La Cofradía de San Pedro, por sí sola, sería capaz de escribir gran parte del libro de las emociones que se conjuga en estos días.
Los Panaderos, abucheados en su regreso
semanasantadesevilla.tv
Semana Santa de Sevilla 2013 REDACCIÓN. La Hermandad de los Panaderos fue abucheada en la noche de ayer cuando el paso de palio regresaba a su capilla de la calle Orfila tras verse sorprendida por la lluvia, taponando, de esta manera, el regreso de la Lanzada. Los hechos sucedieron de la sigu…
Semana Santa de Sevilla 2013
REDACCIÓN.
La Hermandad de los Panaderos fue abucheada en la noche de ayer cuando el paso de palio regresaba a su capilla de la calle Orfila tras verse sorprendida por la lluvia, taponando, de esta manera, el regreso de la Lanzada. Los hechos sucedieron de la siguiente manera:
No había llegado el paso de misterio de la hermandad de los Panaderos a la Plaza del Duque cuando empezó a llover y la corporación decidió suspender la estación de penitencia. La cofradía se organizaba para regresar a su capilla a través de la Plaza de la Campana y la calle Laraña. El paso de palio, que acaba de salir y venía presidido por el delegado diocesano de hermandades, Manuel Soria, no optó por dar la vuelta hacia su templo sino pasar, igualmente, por la Campana.
Sin embargo, el hecho de que escampara por unos minutos, fue aprovechado por la corporación para el lucimiento de sus pasos en la Plaza de la Campana, lo que provocó momentos de recreo de las andas sin tener en cuenta que la hermandad de Lanzada necesitaba el paso expedito en la calle Orfila para poder regresar.
De esta forma, la corporación de los Panaderos tardó unos 40 minutos en pasar por la Campana mientras que los nazarenos de La Lanzada, resignados, esperaban a que la cofradía de la calle Orfila terminara de recogerse. Era tal la indignación de numerosos cofrades que, cuando pasó el paso de palio de la Virgen de Regla, estos aprovecharon para abuchear a la presidencia por tan nefasta gestión del regreso de la cofradía.
La lluvia y los Panaderos se cuelan este Miércoles Santo 2013
Escrito por Javier Macías Jueves 28 de Marzo de 2013
pasionensevilla.tv
Este Miércoles Santo quedará marcado para la historia por el conflicto surgido entre las hermandades de la Lanzada y los Panaderos, cuando esta última demostró una actitud insolidaria al colarse literalmente por delante de la de San Martín cuando la lluvia hizo acto de presencia, y encima se recrearan en el trayecto de la Campana hasta la calle Orfila. Pero ahora volveremos a esta escena, una de las más polémicas de los últimos años y que recordaba a los conflictos entre cofradías a principios del siglo pasado.
Fue una jornada que dio mucho más de sí. Empezaba con la suspensión de las salidas de la Sed y San Bernardo, que manejaban unos partes muy poco halagüeños: un 80% de posibilidad de chubascos hasta las siete de la tarde. Con todo esto, y sin prórrogas de por medio, las dos primeras cofradías que ponían la cruz de guía en la calle el Miércoles Santo suspendían la estación de penitencia.
Parecía que iba a ser un día como el del Martes Santo, pero no fue así. Cuando las miradas iban hacia Omnium Sanctorum en busca de la tercera suspensión, se encontraban con que el Carmen Doloroso estaba convencido para salir. Siendo la primera del día en Carrera Oficial y con las dos siguientes en sus templos, tenía margen suficiente para planteárselo. Así, con alrededor de una hora de retraso, el hermano mayor, Antonio Saldaña, comunicaba la decisión de salir ya que el parte que manejaba la hermandad era de que a las seis mejoraba el tiempo. No obstante, a esa hora, sobre las 15.45 horas, el sol había salido en la calle Feria aunque la Agencia Estatal de Meteorología confirmaba el mismo parte de por la mañana.
El Carmen arriesgó, y lo que en un principio era una temeridad, se convirtió en acierto, porque no cayó ni una gota hasta pasadas las diez de la noche, cuando esta cofradía ya estaba en la calle Feria.
A su hora prevista, las cinco de la tarde, el Buen Fin comunicaba que no realizaría la estación de penitencia. Los críticos con la decisión del Carmen tenían más argumentos.
Sin embargo, y como también sucedió el Domingo de Ramos, los partes ofrecidos por la AEMET fallarony el frente que venía por el Golfo de Cádiz pasó sin rozar a la capital hispalense. Así, y con una hora de retraso, la Lanzada y el Baratillo se ponían en la calle. La primera recortó el recorrido por Cervantes y San Miguel, en vez de por la Alameda.
Estas decisiones empujaron al Cristo de Burgos, las Siete Palabras y los Panaderos a hacer lo mismo, con varios minutos de retraso que llevaba acumulado el día.
La actitud de los Panaderos
Parecía recomponerse la jornada, pero tampoco. Fue todo imprevisible. El reloj marcaba las 22.30 horas y comenzaba a llover. En ese momento, Los Panaderos, cuya cruz de guía se encontraba en el inicio de la Carrera Oficial y el palio de la Virgen de Regla en García Tassara, decidía volver a su capilla atravesando la Campana. El problema era que por la calle Cuna venía de vuelta la Lanzada, que también se estaba mojando y que necesitaba llegar cuanto antes a San Martín. En ese momento, los Panaderos se coló por delante de la Lanzada, que debería haber tenido preferencia al ser su itinerario habitual, y se vivieron momentos de tensión entre ambas corporaciones.
Algunos contaban que incluso se llegaron a insultar algunos nazarenos. Pero es que, además de colarse, el misterio de los Panaderos se recreó en la Campana: marchas, costeros, izquierdos y paradas para encender las velas incluso.
La tensión se mascaba en el ambiente. Las críticas a la hermandad de la calle Orfila arreciaban en todos los foros, sobre todo en Twitter, donde llegó a convertirse en trending topic nacional. Había incluso quien se preguntaba si esta hermandad sería sancionada, y si correría con los gastos de los desperfectos que la lluvia hubiera podido ocasionar en la Lanzada.
Con este panorama, la cruz de guía de la Lanzada amagaba con irrumpir en mitad del cortejo de los Panaderos para pasar… pero la actitud de los Panaderos no cambiaba. El misterio seguía a los suyo y el palio, lo mismo, a un ritmo muy despacio mientras la Lanzada se encontraba comprimida en Cuna, con el misterio a la altura del restaurante San Marcos.
Cuando al Virgen de Regla, por fin, terminaba la revirá que la introduciría en Orfila, gran parte del público comenzó a silbar a los Panaderos por esta actitud insolidaria mostrada con la Lanzada. El público, así, se unía al circo montado con una clara falta de respeto y educación hacia la imagen y el resto de la hermandad que no tenían culpa de lo que allí estaba ocurriendo.
La Lanzada ya podía pasar, y en vez de seguir con el itinerario lógico, bordeó la calle Orfila por Martín Villa y Santa María de Gracia. La Virgen de Regla, por su parte, se levantaba a pulso
Un conflicto que demostraba, una vez más, la incapacidad del Consejo para arreglar la situación, ya que el propio presidente, Carlos Bourrelier, que se encontraba en el Palquillo de la Campana, decía no conocer lo que había ocurrido.
La lluvia había cesado, aunque la Hermandad del Baratillo, que había recortado su itinerario para acceder al Postigo directamente por Fray Ceferino, regresó a toda prisa a su capilla.
El Cristo de Burgos, por su parte, siguió su camino, al igual que hizo las Siete Palabras. No obstante, ambas cofradías aligeraron el paso para entrar lo antes posible en sus templos, ya que un nuevo frente se acercaba, aumentando el riesgo a partir de las doce de la noche.
El palio de Madre de Dios de la Palma hacía su entrada en San Pedro a la una en punto de la madrugada, media hora antes del horario previsto, y sin sufrir más aguaceros.
Justo cuando entraba el palio del Cristo de Burgos, comenzaba a llover de nuevo, sorprendiendo a la cofradía de las Siete Palabras que regresaba por Alfonso XII. Los tres pasos apretaron el ritmo y la hermandad conseguía meter el palio de la Virgen de la Cabeza en San Vicente pasadas las 1.30 de la mañana.
Se cerraba así un Miércoles Santo que, si en un principio parecía que el Carmen iba a erigirse como protagonista de la jornada, le dejó este puesto a los Panaderos, que por segundo año consecutivo se convirtió en el objeto de las críticas. Y esto traerá cola.
Rescatamos de Youtube el momento de la pitada a los Panaderos
Del vacío al sepia
Una mañana sin cofradías por los porcentajes tomados como nuevos dogmas cofradieros acabó en una noche marcada por la polémica propia de otro tiempo al impedir los Panaderos el paso de la Lanzada
TEXTO: CARLOS NAVARRO / MIGUEL ÁNGEL CARIDE, SEVILLA
diariodesevilla.es
EL día comenzó con el vacío que parece ya la marca de la Semana Santa del siglo XXI, con la suspensión de las salidas de la Sed y San Bernardo a la que se sumó la del Buen Fin a primera hora de la tarde. Y terminó con un espectáculo propio de las historias que se cuentan en los anales de la Semana Santa porque una cofradía (los Panaderos) impidió de forma injustificada el paso de otra (la Lanzada), lo que provocó tensión en plena calle entre algunos de sus diputados y mereció la pitada del público para la cofradía causante del esperpento y la ovación para la agraviada. También sirvió para dejar en evidencia el papel del Consejo de Cofradías, inútil para reaccionar con rapidez y solucionar el conflicto, como ya ocurrió con el Vía Crucis de la Fe.Por momentos se rozó el bochorno. En las cofradías hay ejemplos de cómo se pasa muy rápido de tomar el parte meteorológico como un dogma y dejar la cofradía en casa, a reaccionar con psicosis ante el mínimo chubasco para incurrir acto seguido en el desahogo en cuanto cesa la lluvia. Ayer hubo un muestrario de todo y conviene ir por partes. Muchas veces falta sentido del equilibrio para saber cuándo hay que suspender de verdad la salida, cuándo se puede poner la cofradía en la calle y acelerar el regreso y cómo hay que actuar cuando se suspende la estación en plena calle.La Semana Santa de la actualidad parece seguir al pie de la letra la definición del dogma como “proposición que se asienta por firme y cierta y como principio innegable de una ciencia”. La historia de las cofradías incluye grandes hitos relacionados con los dogmas, incluso de la defensa de dogmas cuando aún no estaban reconocidos por la Iglesia. Ahora tendremos que añadir los porcentajes de riesgo de lluvia como nuevo dogma cofradiero. Aunque sean indicadores de riesgo de lluvias débiles. De lloviznas. Aunque sean del 50%. O de poco más. El porcentaje de riesgo parece ley. Dogma. Verdad revelada. El porcentaje de riesgo de lluvia débil vale más que el peso de la historia, jalonada de cofradías pasadas por agua, de búsqueda de refugios. Se tasan las posibilidades de salir, como si esto de la Semana Santa fuera labor de un perito. Grandes cofradías se han quedado dentro y después no ha llovido o lo ha hecho en cantidades muy mesuradas y por sólo unos instantes. El dogma de los porcentajes nos dejó ayer sin San Bernardo serpenteando del puente a la Alfalfa, dejando un miércoles con esa sensación de vacío que es ya casi la expresión de la Semana Santa contemporánea. La última lluvia de la mañana cayó sobre las dos menos cuarto, cuando en San Pedro daban por clausurada la visita matinal y en el Salvador se ultimaban los detalles para la colocación de la calavera a los pies del Señor. No llovió más hasta la diez y media de la noche. Pero había que creerse el porcentaje de riesgo de lluvia.
Pitada a Los Panaderos. / Miguel Ángel Caride
Antes las cofradías salían gracias a los notables, también conocidos como los hermanos soltadores, que pagaban la música y las flores a cambio de un puesto de preferencia en la cofradía. En otra etapa los costaleros han llegado a influir más de la cuenta, a mandar soterradamente y hasta a promover huelgas y dejar los pasos arriados. Ahora la Semana Santa está en manos de la meteorología interpretada por neocatedráticos de las isobaras. Al garete con esas historias de mojás célebres de las grandes imágenes de la Semana Santa de Sevilla. Ahora parece que el riesgo sólo puede ser asumido por las cofradías más jóvenes. Se acepta que una cofradía de corta historia se eche a la calle con el cielo juguetón. Y se ve mal, muy mal, que las hermandades con más historia, de corte más clásico, o que vienen al centro desde muy lejos, asuman un mínimo riesgo. Alguien, algún día, hará lo que hizo Luis Rodríguez-Caso un Jueves Santo desapacible, sin ninguna cofradía en la calle a media tarde. Miró al cielo y decidió unos minutos antes. Sacó una de las cofradías más clásicas que existen y no pasó absolutamente nada.
Ocurrió que el Valle se echó también a la calle. Y una Infanta de España fue testigo. Si aquel cofrade hubiera seguido la letra del nuevo dogma, el Jueves Santo hubiera sido una jornada sin, propia de una Semana Santa donde hay una sobrevaloración de los porcentajes de riesgo, una Semana Santa excesivamente condicionada por los números aunque sólo prediquen opciones de llovizna, una Semana Santa encorsetada, condicionada y casi secuestrada por unos partes meteorológicos en términos casi obsesivos. Hablan los hermanos mayores por megafonía de la importancia del patrimonio humano como si del cielo cayera una sustancia diferente al agua. Y pesa mucho, muchísimo, la experiencia desagradable de algunas salidas que, verdaderamente, nunca debieron realizarse porque, entonces sí, los porcentajes debieron ser entendidos como serios avisos. Pero como dogmas, jamás.
Una cofradía joven, la del Carmen Doloroso, abrió la jornada en la carrera oficial con un paso de misterio con una cuadrilla de costaleros que gana adeptos y con un paso de palio que regaló la imagen de unas preciosas rosas. Poco a poco gana esta cofradía en algunos detalles. Su soledad a esas horas por las calles del centro recordó aquellos Viernes de Dolores en que era la única hermandad, cuando se llevaba para sí todo el público de las vísperas. En lo que parece que no ha crecido es en el número de nazarenos. Y algunas de las composiciones que se interpretan al paso de misterio son, cuando menos, discutibles en cuanto a su idoneidad.En cuanto se supo que la segunda mitad del día se arreglaba, el centro comenzó a poblarse de público. El regreso del Carmen era una pura bulla. El Baratillo por Reyes Católicos, una multitud deseosa de ver a la Piedad de flores rojas a los sones clásicos de la banda del Sol. Y a la salida de las Siete Palabras, otra bulla. Ganas de cofradías. Muchas ganas.
Salió la Piedad de Pastor y Landero, dejando en el recuerdo aquel recorrido más íntimo de Almansa y Santas Patronas. Una pena que no se recupere. Aunque la Piedad es uno de los grandes pasos del Miércoles Santo aunque fuera sin música, sin flores y por la SE-30. Dejó la Piedad el Arenal, decíamos, y el público anhelaba verla enfilar Reyes Católicos: niños alzados en los hombros paternos, pequeños aupados en las sillas del bar El Cairo, adultos buscando en el último instante acercarse a las primeras filas para contemplar una revirá con cornetería de calidad garantizada. Se recreó el paso en esa vuelta siempre buscada. Todos los ojos puestos en el paso de oro, rojos y azules, hasta los del vendedor del cupón de la ONCE, que miraba por los cristales del quiosco y que acabó abriendo la puerta para ver quizás con el corazón allí donde la vista no alcanza. Lo mejor del Miércoles Santo se fue navegando entre un mar de gente cuando la noche empezaba a caer, vencidos ya los dichosos porcentajes, justo a esa hora en que la primera mitad de la Semana Santa empieza a formar parte de ese recuerdo que, debidamente filtrado, entrará a formar parte de esa Semana Santa idealizada que poco tiene que ver con la meteorología, las sillitas plegables, los discursos sensibleros de algunos hermanos mayores, los canapés profesionalizados en los balcones, la sofisticación al uso y otros perros en danza.Una noche que se presentaba para la búsqueda tranquila de la saeta junto al Cristo de San Pedro en los últimos recovecos antes de la plaza, o para orar ante el crucificado más romántico y alto. Una noche normal de Semana Santa, pero que se quebró de forma sopresiva por un chubasco de pocos minutos que cayó a las diez y media. Y por la negligencia de algunos. Los Panaderos entraba en la carrera oficial cuando decidió regresar a su capilla de la calle Orfila. El caso es que, como la lluvia cesó de inmediato, el paso de misterio hizo su entrada en la Campana con toda naturalidad y lucimiento, mecidas y coreografía incluidos. Inexplicable desde el momento en que se había optado por suspender la estación. La hermandad panadera se recreó injustificadamente en su regreso , pese a que la Lanzada -que no quiso refugiarse en el Salvador- retornaba por Cuna camino de San Martín según su recorrido oficial y necesitaba Orfila libre. Los Panaderos dejó taponada a la Lanzada. El público de Laraña pitó el cortejo panadero por el perjuicio que estaba provocando al de San Martín, censurando la parsimonia con la que avanzaba como si nada hubiera pasado. El final del día acabó con un conflicto que recordaba a los tiempos en blanco y negro. La Lanzada tuvo que esperar y regresar finalmente por la Campana y Amor de Dios. Hubo tensión entre nazarenos con responsabilidades de gobierno de ambas cofradías, que discutieron con aspavientos ante la presencia de la multitud y de agentes de la Policía que pedían indicaciones por radio, pues no sabían cómo intervenir ante un pleito propio de otro siglo. No hay nada extraño en que a una cofradía le sorprenda un chubasco. Pero la forma de reaccionar ante la inclemencia sí es censurable.
Las demás hermandades regresaron a sus templos de la forma más rápida posible. El Baratillo tomó la cautela de refugiar durante algunos minutos a la Piedad bajo el Arco del Postigo y a la Caridad en la Catedral. El Cristo de Burgos recortó el regreso y, en general, todas aceleraron el retorno a casa. Lo que empezó con un vacío ya familiar terminó como una estampa en blanco y negro. De los ciriazos de las historias del ayer a las pitadas de hoy. Sin olvidar los dogmas.
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El barón de Rothschild en la mansión de Waddesdon, construida entre 1874 y 1889 para que Ferdinand de Rothschild entretuviera a sus huéspedes y mostrara su vasta colección artística.

La saga de los RockefellerJohn D. Rockefeller nació en una granja del estado de New York en 1839, de un padre aventurero, médico no diplomado que vendía preparados medicinales «milagrosos» a base de opio y estafaba a sus propios hijos para inculcarles el sentido de los negocios, y una madre bautista muy devota que educó a sus hijos en el rigor y la austeridad, al extremo de amarrarlos a un poste para castigarlos por alguna desobediencia. John comenzó su carrera en Cleveland, Ohio, como contador.Fascinado por las hazañas de los pioneros del petróleo, compró -a los 26 años- una refinería en asociación con dos hermanos ingleses, de los cuales se deshizo rápidamente comprando la participación de ambos.John D. Rockefeller comprendió que la única manera de dominar el mercado tenía que ver más con el proceso de elaboración del crudo y su distribución que con la extracción. Concentró su estrategia en el ferrocarril en momentos en que la red ferroviaria destinada al transporte del petróleo desde los yacimientos hasta Cleveland auguraba la dependencia de los pequeños productores en relación con los transportistas.Obtuvo así el mayor provecho de los sistemas de rebaja y no dudó en utilizar a sus antiguos competidores que acababa de comprar como espías entre los competidores que quedaban. Fue así que logró constituir en 1870 la sociedad por acciones Standard Oil Company, con capital de 1 millón de dólares, del cual poseía el 27% [
DAVID ROCKEFELLER
JOHN DAVID ROCKEFELLER
Rockefeller en su piso de Central Park
David Rockefeller el 15 de Mayo de 2003 en la reunión anual Bilderberg de Versalles, Francia. Tomando la sopa. La verdad es que esta foto acojona un poco. El amigo tiene 89 tacos. David Rockefeller, (15 de Junio de 1915), el más joven de los seis hijos de John D. Rockefeller y Abby Aldrich Rockefeller, Junior. Nación en New York City, durante 12 años fué al Lincoln School of Columbia University’s Teachers College, se graduó en ciencias por Harvard en 1936. Despué estudión en ervard y en el London School of Economics y consiguio el doctorado en economía por la University of Chicago en 1940. Su tesis doctoral “Unused Resources and Economic Waste” fué publicada por la University of Chicago Press en 1940. El 7 de Septiembre de 1940 se casó con Margaret “Peggy” McGrath. Estuvo casado casdo con ella casi 56 años hasta su muerte en 1996. Tuvieron dos hijos y cuatro hijas. Desde 1940 a 1941 David Rockefeller trabajó como secretario en New York City Mayor Fiorello H. LaGuardia. De 1941 a 1942 trabajó como director regional de la United States Office of Defense , Health and Welfare Service. En mayo de 1942 se alistó en la U. S. Army. En 1943 entro en laacademia de oficiales, la Officer Candidate School y fué descartado como capitán en 1945. Durante la segunda guerra mundial sirvió en el norte de Africa y en Francia. Fué condecorado con la U.S. Legion of Merit, la U.S. Army Commendation Ribbon y la French Legion of Honor. En 1946 comenzó a trabajar en el Chase National Bank (que después sería el Chase Manhattan Bank, y ahora es el JP Morgan Chase & Co.) como asistente en el departameto de exteriores del banco. En 1947 fué asistente de caja, segundo vicepresidente en el 1948 y vicepresidente en el 1949. De 1950 a 1952 fué responsable de los negocios del banco en Latinoamérica, esn este periodo se abrieron oficinas en Cuba, Panamá y Puerto Rico, además de en Buenos Aires. En 1952 fué vicepresidente senior con responsabilidades en el departamento de investigación económica y relaciones con el cliente en el área metropolitana de New York. Cuando se fusionaron el Chase National y el Bank of the Manhattan Company, 31 de Marzo de 1955, David Rockefeller se consolidó como vicepresidente del departamento de desarrollo . En Enero de 1957 fué vice presidente de la junta directiva con responsabilidad en las funciones de planificación y administración del banco. En Enero de 1961 fué presidente y director del comite ejecutivo, perteneciendo al grupo de ejecutivos del banco. En Junio de 1969 fué preidente y director del Chase Manhattan Bank, N.A. en New York y del Chase Manhattan Corporation. Ser retiró en 1981. Desde 1981 trabaja en el bank’s International Advisory Committee, junto con Henry Kissinger, George P. Shultz, Bill Bradley yRahmi Koc. Fué vicedirector del Council on Foreign Relations (1949-1985), vicepresidente (1950-1970), y presidente (1970-1985), fundador y presidente honorario de la Trilateral Commission además de atender en persona las reuniones secretas del Bilderberg Group. Es director no ejecutivo de Rockefeller Center Properties Trust, director no ejecutivo de RCP Holdings, director honorario de la Americas Society, director honorario de la Rockefeller University, director del Rockefeller University Council, y director emérito del Museum of Modern Art en New York City. Su riqueza se calcula en 2.5 billones de dólares. Tiene un hijo llamado David Rockefeller Junior..




















































